Poesía ]

Ojo en danza: anotaciones breves

por vera zepeda

Estas mujeres corren en direcciones opuestas y sin embargo chocan. No hay forma de calcular el tiempo que demora una caricia en asaltar al cuerpo. El sonido de los pasos arrastrándose sobre el cemento imita palabras. Acaso sentencias murmuradas. Una confesión entre paréntesis (las costillas). Sentados en el piso escuchamos el aliento que apenas forma una imagen. Bramar tenuemente. Ella estira su mano y alcanza a otra mujer que no la espera. No hay cómo calcular cuánta esperanza contiene una caricia. Eso nos pesa demasiado para ser un susurro. Debajo del foco un abrazo por dentro del oleaje de los roces. Púrpura tú. Respiración y costilla se tejen. Una mujer embarazada contiene a las demás en el vientre y yo tengo miedo. Por qué siempre este temor. El huevo flota sobre la nariz, intacto: una nube de cáscara que empieza a llover.



[ Hemos entrado juntas en el abandono ]

Quienes miran creen saber algo de nosotras. Alguien puso esta soberbia en el ojo. Siento ese fracaso lastimándome la piel, mientras me escondo detrás del muro. Parapetarse. Repantigarse. Defenestrarse. Son formas de bailar para mí. Los brazos de ella sugieren que la presiono contra mi pelvis. Me embaracé de una puñalada, no accederán a esta intimidad. Acaso daría todo lo que tengo por el huevo, todo por un poco del atardecer del huevo. Qué es esta vergüenza protegida por el deseo de una mujer. Por qué siempre, siempre la irrupción del deseo.

[ Esto es un hechizo contra el fragmento ]

[ yo te enseñaré a construir tu cuerpo 

albañil de senos

y cinturas

me prometiste con barro en los labios

esta luz tan verde

un pétalo de dalia es todo lo que basta

lo juro

déjame escuchar el pálpito de la yema

por favor no seas cruel

¿cuántos eran los que huían? linces

aseguran el cerro se formó por las zancadas

que dimos juntas mira — dices 

al borde del éxtasis

tócame                                 esto ]

 

 

Así es como se forma un cuerpo. Cuántas mujeres se requieren para el cuerpo de una mujer. Apenas un juego de luces y coquetear a escondidas. Horcajada. Greña. Adobe. Correr con el huevo, protegerlo, presionarlo. Podemos escuchar cómo tirita la yema debajo de la cáscara. También tienen yemas las manos, esto quieren decirme. Estas son manos que amenazan, pero también se tocan con desesperación, como si el peligro fuera el motivo de la fuerza de gravedad. Aprendemos a tocar por culpa del miedo. ¿Éramos varias? Demasiadas. Dos mujeres aquí no. Las figuras de sus palmas coinciden con la avenida principal y los cerros aledaños, las plazas y niños que ríen. Una mano es capaz de la carcajada. La misma geometría de una risa en la escápula contorsionada como ala. La palabra fruición. Estas mujeres escondieron palabras adentro de sus cuerpos, puedo oír el rugido de sus sílabas. La fuerza que requiere nuestra exhalación para mantenerlas al margen. Aorta gruesa y porfiada. Un latido y todos sus errores.

Vértebra piadosa.

Aquí

apoyo mi frente y la de ella.

(Qué linda).

En el muelle de mi muslo

se derrumba la muralla de su cabeza. Respira

una mujer justo en mi espalda

y la levanta en su tonada de viento.

Quisiera

estar quieta aquí, en

este romboide que nos sobra.

Lo que resta al aliento es el aire.

Vaciado de nosotras el ojo intenta

una figura para el instinto.

En todo el instinto.

¿Cuánto púrpura escondemos debajo de la piel?

Ven

a ver.

 

 

 

[ Junto las piernas para no acercarme a ellas. Para impedirme de ellas ]

 

[ Junto las piernas para correr hacia ellas ]

 

[ He visto mi cuerpo y no podré recuperarme. Algo tan atroz el pecho

 

Tu nariz interrumpe el horizonte

ay]


Dos manos se entrelazan para proteger el tórax, lo cuidan de la profanación. Nuestra ella. Sostiene justo sobre la lengua. El huevo aplasta una papila en flor : palabra filosa asoma su aguijón hacia la cáscara. Ellas tomadas del brazo por primera vez en años. Dedo y dedo, hasta que una penetra esta redondela. El líquido escurre desde un codo propio hacia uno ajeno. Arco y flecha. La luz no puede desplazarse sin soberbia. No te vayas sin pedirme perdón.

Este texto surge a partir de la observación de la performance «Memorias que despiertan» de danza contemporánea en Sitio de Memoria La Providencia, Antofagasta, el sábado 13 de septiembre de 2025. Esta actividad fue mediada por el reconocido artista Vicente Ruiz, por compañía Par de Fulanas y financiado por el Ministerio de Cultura y Las Artes.

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